6 de mayo de 2019

Fue el último tiro y luego vino la paz


El auto gris pasa raudo por la carretera, dejando una estela de pedregullo y calor, de la ventanilla del mismo sale la voz de Zitarrosa, ésta me lleva a la realidad en que vivimos, solo en él silencio de la misma se puedo escuchar esta voz, que me hace reflexionar sobre nuestras existencias.
 Mis camaradas se encuentran agazapados, en la vieja estancia de los brasileros.  Allá a lo lejos se ven las vacas que trajeron a nuestras tierras, las que ya, no son nuestras.
- ¡Debes de irte!, -dice la voz de Zitarrosa, desde aquel rincón del rancho de adobe en ese tocadiscos de madera dura por fuera y llena de sentimientos como nuestro interior, todo esto sucede entre la ruta veintiséis y Cerros Largos.
Nos abrazamos en la lucha contra la tiranía que vive nuestra gente, nuestras caras están grises, los ojos hinchados y las manos con cayos, pero nuestro espíritu siempre está listo, somos soñadores de un mundo distinto, en busca de esa utopía.
Pero vivimos de un mundo globalizado por las grandes corporaciones de esos laboratorios, dejando un mundo de desesperación, enfermedades y muerte en esa África llena de amor y misterio.   
El silbido del aguilucho suena en el aire y la naturaleza toda calla, el sol agrieta nuestros labios como la tierra que pisamos. El viento caliente se entremezcla con los vapores de la carretera, que no es igual a la que conservo en mi memoria, de ese aire fresco y salado de la playa, sus aguas verdes, su arena blanca y fina, cuán lejos estás mi querido Montevideo, extraño tu ciudad vieja, sus calles empedradas, tus viejos bodegones, lleno de hermosas vivencias.
La noche llega lenta, y con ella el llanto del recién nacido, es la hija de La oveja y del Loro.  Por el polvoriento camino viene Ella, nos pondrá al tanto de lo que sucede en Bolivia y Perú, será una buena oportunidad de descanso, el tener que quedarnos unos días, juntaremos fuerzas para seguir el camino curando nuestras heridas, de aquellos recuerdos de luchas juntos a nuestros hermanos, llegara el momento en que todos estemos bajo la misma bandera y un mismo idioma.
Joaquín, recostado en la roca prepara su tabaco, silbando en lo bajo aquella canción de cuna, las estrellas hacen continuos guiños, a lo lejos se desliza una fugaz, la vía latea está al alcance de nuestras manos, la brisa es suave como la voz de La mulita que te hace cosquillas en el bajo vientre, sus pasos son como la de la gacela, sigiloso y desconfiado.
-        No lo prendas. –Dice ella con su voz de seda.
-        Me mata las ganas de fumar – contesta Joaquín.
-        Toma una bola y métela en la boca, de lo contrario escóndete detrás de las rocas, aquella que sobre salen. – dice ella.
Ambos están apoyados sobre las crestas de la misma, ella le cuenta que la milicia mato a su marido he hijo, por eso se unió a la clandestinidad, falta poco para que todo termine y mi rancho está despojado de todo cariño, lleno de recuerdos bellos y amargos también.
El la escucha, en su cabeza juegan sus palabras como hierro candente, de su soledad, su angustia y la falta de un hombre, su rancho está vacío y siempre lo estuvo, el mío, estaba lleno de libros, música en especial clásica y folclórica, hablo de mi pequeño apartamento en la ciudad vieja.
La mira a través de la luz de la luna, sus cabellos largos le dan un cuadro de misterio y sexualidad, baila en esa música imaginaria de toda mujer bonita, me muerdo los labios, masco con fuerza la bola de tabaco mientras ella sigue su ritmo, como las embarcaciones del Buceo cadenciosa y tímida, me acero y le susurro.
- Todo va estar bien, no te preocupes.  -Le digo con una mueca en mis labios.
-El frio se siente como la misma muerte, abrázame – dice ella.
Entre los cerros se ven algunos fogonazos, corridas e insultos, buscamos una cueva entre esos árboles nos acurrucamos y pasan veloces aquellas botas con manchas de sangre, los silbidos de las balas pasan raudas y agudas, el grito de una mujer en la noche clamando la paz, haciéndose larga esa letanía, la miro beso su mejilla fría, ella toma mis manos y dice gracias, la luz anuncia el nuevo día, salimos despacio y volvemos al rancho.
El mate está por comenzar, la masa pronta para freír, comienza el informativo avisando que se terminó la revolución, nos miramos, la beba comienza a beber el cálido alimento que le da su madre, se hace un gran silencio y lloramos como niños de alegría, a lo lejos en la carretera comienza el movimiento, nos miramos y nos sentamos a tomar mate, tenemos que plantearnos que vamos hacer a nuestro regreso, pero muchos no tienen donde ir, que aquí hay tierra suficiente para trabajar, formar nuevas familias, he instalar la democracia, la lucha sigue después del último tiro y la paz la tenemos que construir.

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