Para ti
Susana por ese bello árbol.
Aquellos eucaliptos, son dos moles gigantescas petrificadas
por el tiempo, sus ramas se estiran como brazos que se desperezan, sus dedos
son largos, huesudos y negros, que sostienen a esa humilde paloma como pidiendo
clemencia a los dioses del olimpo, no tienen nada, solo aquellos nidos de
cotorras que ellos no aceptarán.
Las nubes dan paso al volcán que eructa, el calor húmedo de
esa tarde infernal, anunciando la tormenta que se avecina. Los pájaros se
largan en picada desde lo más alto como si quisieran suicidarse. La naturaleza
va cambiando su color, el silencio es aterrador, solo lo interrumpe la voz
inocente del niño.
-Abuela, Abuela, yo soy aquel dragón, señalando con su dedo
aquella nube. Comenta Guillermo ese niño negro refugiado de la guerra del
Apartheid.
Los niños juegan en la calle, algunos a la pelota, otros a
las volitas, aquellos juegan carreras a ver quién llega antes al refugio, más
allá a la rayuela para llegar al cielo de los blancos, que dicen que el dios se
pintó de negro. Las vacas echadas no soportan el calor, sus ojos grandes mira
el vacío y no paran de rumiar. El caballo se revuelca en la tierra seca
levantando un polvo infernal. El caminar de los perros es lento. Mientras los aguiluchos
buscan su apreciada presa desde lo más alto del cielo, otros se largan en
picadas suicida sólo, para asustar al descuidado.
Más arriba de las nubes se encuentra ese mundo paralelo, al
que nosotros no conocemos y es él de los gigantes. Uno de ellos está recostado
sobre una piedra, el otro se apoya sobre su hombre observando no sé qué cosa,
su mirada está prendida en ese infinito, otro casi calvo está abstraído con
aquellos dinosaurios y dragones que limpian un volcán, una mujer gigante expone
su seno a la naturaleza, otro, abre su boca como queriéndose tragar toda esa
luz, para que reine la noche eterna, el
tirano saurio quiere comerse a un conejo, lo mira y deciden jugar a las escondidas, mientras tanto aparece
una serpiente con cara de viejo bueno se une a su juego, los hombres de nieve
miran la olimpiada del siglo, en las gradas del anfiteatro de los dioses del
olimpo, mientras la luna con mucha timidez, quiere salir en los dos mundos.
El viento muestra su furia, la fuerza que castiga nuestra
piel, los árboles se inclinan antes nosotros, con sus treinta metros de altura,
borrando los juegos de los niños mientras estos, corren a refugiarse en sus
casas. En un pestañear el cielo se abre mostrando a sus gigantes, que tiran centellas
gruñendo desde lo alto. El sol gira, transformándose en un volcán que escupe
lavas y gruesas rocas, quemando las hojarascas del monte más cercano. Las nubes
se transforman en cataratas esparciéndose sobre el fuego, esos árboles tienen
más de cien años de vida y se mueven, a la velocidad de la luz.
Los gigantes quieren jugar con los niños y no saben cómo
hacerlos, inventan cosas causando la gran tormenta entre los dos mundos, como
si fuera la tercera guerra mundial.
Uno de ellos se lastima en el furor de la misma, cayendo
junto al niño, le da de comer, éste al principio se asusta y luego lo cuida con
mucho amor, le da de comer, le cuenta cuentos de hadas, dragones y gigantes.
La tempestad ruge con furor, los gigantes utilizan las
cataratas como trampolín de un mundo a otro. Las horas pasan lentas con mucha
angustia, el viento sopla formando grandes tirabuzones que bajan con fuerzas,
hasta las mismas raíces de la creación.
Solo en un lugar reina la tranquilidad, Guillermo lleva al
gigante a que hable con El bamboleiro para que éste le cuente todo. Sus ramas
estaban quietas, sus raíces se desarmaban como reloj de arena. Este se sienta,
él otro le ofrece sus frutos, exquisitos higos carnosos y jugosos mientras se
bamboleaba. Cuenta la historia de la creación, como fue este mundo hace más de
diez millones de años, cuando los dioses del olimpo vivían en él, un día este
se llena de insectos que devoran sus
tallos, sus hojas, su cuerpo empezó a desplomarse, fue por la envidia, la
avaricia, las mentiras, los engaños y los celos de los dioses, pero seguí
luchando, hasta que salieron nuevos brotes y la humanidad se fortaleció, ellos
se fueron cada tanto vuelven a pasar estas cosas, nuevos dioses con distintos
nombres aparecen, la historia se vuelve a repetirla, humanidad crece en el bien
y en el mal, el corazón del bamboleiro
es esa semilla perfecta cada tanto nace un nuevo brote y con ella la
humanidad.
Guillermo duerme en los brazos del gigante, la furia de la
tormenta va tomando la calma, el bamboleiro estira sus ramas dando sus ricos
frutos.
Guillermo después de largas semanas de fiebre, siente su
cuerpo aliviado, abre sus ojos en sus manos negras y flacas se encuentra un
dinosaurio y un ogro que le sonríe, su madre le da un beso y un vaso de
mazamorra.
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